Daniela Céspedes, co-creadora de Paradojas del Nihilismo: “El activismo contra la privatización del conocimiento es histórico”

Webserie documental «Paradojas del Nihilismo: la Academia», debutó con éxito este miércoles 27 de mayo con más de 800 personas en línea a la hora de su estreno por su Canal de Youtube. OtrasSeries conversó con Daniela Céspedes, vocera del colectivo «Pliegue» y co-creadora de la webserie que promete ser una de las más vistas de este 2020.

No es frecuente descubrir proyectos capaces de tomar temas de gran complejidad y trascendencia y, de reunirlos en un producto tan ambicioso como bien logrado. Se trata de Paradojas del Nihilismo: la Academia, creada por el colectivo Pliegue y recién estrenada ayer miércoles 27 de mayo por su Canal de Youtube Producciones Pliegue.

A una hora desde del estreno, el primer episodio ya se acercaba a las 3.000 visualizaciones y a la hora de la publicación del presente artículo ya va en 12.000 en tan solo 16 horas. Entre los comentarios en vivo, no sólo hubo espectadores de Chile, sino también de otros países latinoamericanos como Argentina, México y Perú.

La producción, dirigida por Elisabet Genoveva, escrita por Daniela Céspedes, Tomás Flores y Elisabet Rojas, y realizada con aportes del Fondo Audiovisual del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, estrenará un episodio nuevo cada miércoles a las 20:00 hrs. en su canal de YouTube.

Territorios que desembocan en una propuesta visual


Paradojas del Nihilismo: La Academia es un ejercicio crítico que expone a la academia como uno de los escenarios más importantes de la crisis post-humanista. La serie da perfecta continuidad a la visión del colectivo Pliegue, uniendo los campos de la filosofía, la estética, la psicología y el arte en un polígono dinámico que va mostrando sus caras, cada una interconectada con la otra.

Este juego de dimensiones va tejiendo un argumento elocuente en el primer episodio, Desilusión, que se centra en las dinámicas de poder y producción intelectual en la universidad. El relato resulta altamente estimulante al pensamiento y los sentidos, con una cualidad estética impecable; cercana al minimalismo, pero sin despojarse de la textura y la sensualidad fundamental. Es importante notar que estas decisiones visuales tampoco olvidan la crudeza de la gran fractura chilena: la desigualdad, que habita tanto el escenario académico como el contexto sociopolítico.

Contrariando a la hipocresía, Desilusión abraza la crítica, se hace cargo de la crisis que aborda y no se apresura en entregar respuestas complacientes. Es así que nos deja expectantes, no sólo a los capítulos siguientes, sino también al problema que expone.

Esta webserie documental es obra de un equipo donde las mujeres tienen gran presencia y fuerza creativa. Este dato es significativo, porque como ya comentamos antes en el artículo «Mujeres en webseries ¿qué hace una chica como tú en un lugar como éste?» , en el universo de las webseries nacionales, como en el resto de las artes audiovisuales, las mujeres con mucha frecuencia suelen ser más objeto de representación que sujetos representantes. De modo que esta producción de Elisabet Genoveva y Daniela Céspedes viene a integrarse con mucha fuerza a este conjunto de webseries nacionales con un prisma femenino –por cierto no en el sentido patriarcal de feminidad-, que hasta hoy se han caracterizado por ofrecer relatos críticos o con gran carga artística y visual.}

Conversando con Daniela Céspedes, colectivo Pliegue.


-Pliegue declara  en su página web que busca generar conocimiento desde el arte, “un formato que siempre está por hacerse”. En este sentido ¿cómo proponen ustedes que se diferencia el arte del pensamiento? 

(…) Nos resistimos a la imagen dogmática de la filosofía, que la reduce a un ejercicio meramente racional, abstracto, alejado de la vida, de lo sensible y de los afectos. Tanto en la filosofía como en el arte hay pensamiento, así como pensar y sentir no están separados sino dentro del mismo pliegue. Nosotros entendemos el pensamiento como una práctica que se lleva a cabo, una operación de composición, entonces arte y filosofía se distinguen en el modo en cómo se presenta ese pensamiento. El pensamiento filosófico, compone- esto desde Deleuze- conceptos, nociones de carácter imaginario y lingüístico y el arte compone perceptos, nuevos modos de sentir y de percibir la realidad. El cine en ese sentido, tiene mucho potencial para brindarle valor afectivo a la filosofía, porque también compone con imágenes pero propiamente sensibles (auditivas, visuales, etc.) y precisamente lo que queremos hacer es tratar de ir un poco más allá de estas distinciones, buscando la posibilidad de decir, que no hay una forma tan clara de distinguir entre la operación del arte y la operación de la filosofía.

-¿Cómo surge y cuándo comenzó a crearse la webserie Paradojas del Nihilismo? 

La serie comenzó intuitivamente, teníamos algunas sensaciones basadas en nuestras propias vivencias como estudiantes y como personas que convivíamos con el mundo académico. Comenzamos a percibir una cierta pérdida de sentido en la labor de producción y difusión de conocimiento pero que paradójicamente no tenía ningún tipo de resistencia ni activismo dentro de la universidad. Se expresaba como queja, como desvitalización, como una cierta voluntad nihilista que impregnaba la comunidad universitaria. Todo comenzó con nuestras ansias por hacer filosofía y estética junto con mi compañero, dándonos cuenta que la única forma de hacerlo dentro de la institución es a través de papers. La práctica en sí misma ya era alienante, sobre todo para el área de las humanidades o del arte, entonces, pensamos: ¿A alguien más le generará un malestar esto? ¿Cómo puede ser que esta sea la única forma válida de generar conocimiento? Eso sin saber por supuesto, que el negocio de las publicaciones académicas era multimillonario, que el activismo contra la privatización del conocimiento es histórico y ha sido una lucha que ha conllevado persecución política. Desde nuestra propia experiencia vital, nos dimos cuenta que la universidad aúna códigos precapitalistas como el honor, la jerarquía, el status, con códigos capitalistas que orientan toda la producción hacia el lucro. Inspirados en este problema, decidimos investigar el tema y hacer resistencia desde la creación de metodologías nuevas, que aunaran la práctica filosófica con los afectos. Así nació Pliegue, como una resistencia a la imagen de la filosofía, como un ejercicio meramente racional y especulativo, que no tiene vínculo con la vida. Pero lo que nos motivó a hacer la serie fue nuestra curiosidad por experimentar y crear otros métodos y a la vez, preguntarnos por qué sostenemos sistemas que nos oprimen, aun sabiéndolo.

-Entendiendo a academia como espacio que alberga un conocimiento supuestamente universal ¿Cómo creen que ha cambiado esta noción desde la omnipresencia de Internet?

Más allá del aspecto universal que tienen las universidades desde su fundación en las escuelas monásticas (la universidad es anterior incluso a los Estados Modernos), Internet ha sido en muchas ocasiones, un espacio de resistencia y ha constituido un cambio de paradigma para las lógicas de saber en las que se basa la Universidad, entre ellas la privatización del conocimiento y el libre acceso a la información. El activista Aaron Swartz, por ejemplo, fue relevante para la creación del Creative Commons cuando era un preadolescente y Alexandra Elbakyan crea Sci-Hub para liberar millones de publicaciones académicas a los científicos. ¿Qué les pasó a ambos? Aaron Swartz se suicida luego de ser juzgado y Alexandra Elbakyan vive en constante persecución. Internet ha permitido que se creen otras metodologías de difusión de conocimiento y también, que se pueda hacer resistencia política sin requerir de las formaciones políticas tradicionales. En ese sentido, Internet tiene un potencial revolucionario que impacta en cómo las Universidades conciben la creación de conocimiento y su difusión.

-Las manos tienen gran protagonismo en la serie, asociadas a la gesticulación, la creación mítica y la lucha. Pero además acarrean la idea de hacer, en oposición al quehacer intelectual. Recordando la frase “mis manos son lo único que tengo” (Víctor Jara), podemos imaginar una distancia abismal entre el trabajo vital –o cercano a la naturaleza- y la producción académica de conocimiento. ¿Le ves un sentido a esta idea?

Una de las propuestas de la serie es que cada capítulo tiene su propio estilo visual, aunque hay elementos que van a aunar todos los episodios. En el caso del 1, una de las figuras que se ocupan son las manos y principalmente qué hacen las manos y qué conectan las manos. El valor táctil y de enlace, la sensibilidad corporal, que ha cobrado mucha más importancia hoy y que tiene vínculo con los afectos vitales de la misma escritura, de la misma labor intelectual, va a tener un rol sensible al abordar el tema del nihilismo. Para nosotros es muy importante abordar cómo la academia alejó el pensamiento de los afectos, del cuerpo. Ahora bien, no queremos dar una respuesta de significación sobre las manos, la idea es que las personas puedan hacer las conexiones que les hagan sentido y lo que tú planteas es una de ellas, en relación al trabajo vital.

-Al ver las imágenes de la repetición, que acompañan al sinsentido del nihilismo, es fácil identificarse con el propio tedio cotidiano. Pero también se podría decir que no toda repetición conduce al cinismo, sobre todo si está al servicio del trabajo creativo. 

Entender modos de repetición que no son nihilistas, implicaría modificar las nociones habituales que tenemos de la repetición. Habitualmente se piensa que la repetición es “repetición de lo mismo” (repetición nihilista), pero en realidad, en cada repetición se juega algo, aunque sea un mínimo detalle, que es diferente. Entender la repetición, entonces, como diferencia, permite potenciar esa singularidad (por más mínima que sea) que se da en todo acto, y eso, en la medida que es darle vida a la acción, o resaltar el aspecto vital que tiene toda acción.

-Han logrado una gran consistencia entre el discurso y las imágenes. Como cada equipo de trabajo tiene sus propias dinámicas, nos gustaría saber cómo ha combinado Pliegue los diversos aportes creativos para llegar a este resultado.

Nuestro equipo es heterogéneo y prácticamente cada uno proviene de disciplinas distintas, por lo tanto, de mundos con códigos distintos y criterios distintos. Eso porque en Chile, la universidad profesionalizante aísla un saber en su propia perspectiva y tú ya de muy joven sabes cuál es el campo laboral y en qué vas a trabajar. En cambio nosotros no teníamos un modelo de cómo trabajar y aún no lo tenemos, porque está cambiando. Nosotros trabajamos con afectos, que va a ser el criterio común de nuestra metodología, por lo que las ideas no remiten a visiones subjetivas de autor, sino que pueden ser discutidas en su nivel de consistencia grupalmente. Las ideas nunca son originales, uno actualiza toda una memoria intensa de imágenes y lo entretenido es poder aunar todas esas perspectivas en un trabajo. Nuestro proceso de creación de la webserie fue colectivo, fuimos tres personas a la cabeza y si bien el trabajo es más lento, también tiende a ser más complejo, porque hay que respetar las singularidades, manteniendo una unidad que brinde coherencia.

Es cierto que la originalidad no existe; podemos verlo en cada obra. Aunque este conocimiento es, probablemente, poco original, el contexto post moderno nos familiariza cada vez más con esta noción, que ha decantado en la conciencia creativa y puede ser muy liberadora: podemos seguir creando, porque el mundo, la atención y el inconsciente proveen de material inagotable. En este sentido, los resultados estéticos del trabajo depositado en Paradojas del Nihilismo son una muestra de las posibilidades que surgen al articular códigos y registros creativos, con objetivos que traspasan la autoría individual y el crédito personal, considerando las visiones subjetivas. Además de la resistencia canalizada en la creación, este es uno de los mensajes más significativos que nos deja el diálogo con Pliegue.

Por 

Carolina Chacón.

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